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ENTREVISTA A IRÈNE DUPUIS

15/10/2012

La especialista Irène Dupuis cierra hoy lunes, día 15, la sesión de trabajo del Área de Geografía y Organización Territorial del Coloquio de Historia Canario-Americana, con una ponencia titulada Hambre, residuos y alimentación humana. Para Dupuis "el despilfarro de alimentos es un verdadero escándalo frente a la situación de pobreza alimentaria en la que se encuentra un número de personas cada vez mayor en el mundo".

 


 

 

Usted apunta en su comunicación a que la crisis económica y su afección en las clases más desfavorecidas de la población, debería provocar el comienzo de nuevas líneas de investigación orientadas a la recuperación de restos alimentarios destinados a la alimentación humana. ¿Cuál cree usted que sería el posicionamiento de las grandes multinacionales de la alimentación y la distribución ante esa nueva posibilidad?

 

El despilfarro de alimentos es un verdadero escándalo frente a la situación de pobreza alimentaria en la que se encuentra un número de personas cada vez mayor en el mundo. El verdadero objetivo de las grandes multinacionales de la alimentación es vender los alimentos, y no el satisfacer las necesidades de las personas. Esto explica, en parte, el porqué tantos alimentos se desechan: la FAO estima que un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial se transforma en residuos, siendo una alta proporción de ellos apta para el consumo humano.

 

Son muchos los factores que inciden sobre este hecho, pero podemos resumir diciendo que estos residuos se producen a lo largo de la cadena alimentaria, es decir desde los cultivos hasta los hogares, pasando por las industrias de transformación y la distribución. En este panorama, el sector de la distribución genera una parte considerable de dichos residuos, fomentando inclusive el despilfarro, por ejemplo con una inadecuada información sobre el significado de la fecha de caducidad de los productos o llevando a los agricultores a producir más de la cuenta, para asegurarse que puedan cumplir con sus contratos con los compradores. El sector de la distribución aún se encuentra reticente a donar dichos alimentos en vez de tirarlos, pero creo que esta actitud cambiará pronto.

 

En España, dos elementos son los que les llevará a este cambio: por una parte, la nueva Ley de residuos les obliga a gestionar los residuos de forma distinta a la que se venía llevando hasta ahora, fomentando la prevención y la reutilización de los mismos. Y por otra, la mirada crítica de la sociedad hacia el desperdicio injustificado pesará cada vez más en sus decisiones. Además, la donación de alimentos desgrava ante Hacienda. De momento el sector de la distribución considera a menudo que la donación de alimentos constituye indirectamente una competencia a la venta. Pero esta idea es equivocada si consideramos que las personas que acceden a estos alimentos recuperados no pueden comprarlos. En otros países, como Reino Unido y Francia, esta idea está cuajando poco a poco. El sector de la distribución tiene todas las de ganar con el cambio.


¿Qué cree usted que impide o incomoda en los países desarrollados tomar en consideración dichos restos para orientarlos a la alimentación humana? ¿Puede atribuirse acaso a un prurito de decencia cultural?

 

Intervienen varios factores a la hora de explicar la reticencia a destinar dichos alimentos a la población necesitada. En primer lugar, el nombre residuo, derivado de la normativa, o resto (para utilizar una palabra más neutral), es inapropiado para describir la realidad de dichos alimentos. La expresión “residuo de alimentos” hace pensar en la basura de los hogares, pero la realidad es muy distinta. Por ejemplo, en las industrias de transformación o de empaquetado, se tira cerca del 10% de la producción exclusivamente por criterios de tamaño, punto de maduración o estética. En la reflexión que estamos llevando a cabo nos referimos a alimentos totalmente comestibles. En cualquier caso, debemos recordar que la cuestión de la alimentación, de los residuos, y por extensión del hambre, son temas tabúes en la historia de la humanidad, lo que dificulta la reflexión y la puesta en marcha de políticas adaptadas a la realidad.


¿Cree usted que las industrias de la globalización de alguna manera han uniformizado también los hábitos alimentarios y de consumo de los ciudadanos de medio mundo; en realidad de los que no pasan hambre?

 

El fenómeno de la uniformización de la alimentación es indiscutible, pero no es total, existen muchas diferencias según las regiones del mundo y las franjas sociales. Curiosamente, la propia ayuda alimentaria contribuye también a uniformizar los hábitos alimentarios de los pueblos que la reciben. La ayuda internacional, por ejemplo a través del Programa Mundial de Alimentos, distribuye a menudo los excedentes de los países productores sin tomar en consideración las costumbres locales ni el equilibrio alimenticio global. Por ejemplo, en ciertas regiones, productos introducidos durante campañas de ayuda alimentaria se han transformado en productos de consumo frecuente, fomentando así la dependencia hacia las importaciones, y desplazando productos locales más tradicionales.


¿Cree usted en el hambre sostenible? ¿Otra hambre distinta a la que padece medio mundo es posible?

 

El hambre no puede ser sostenible de ninguna forma: afecta a las personas, impidiéndoles tener la energía necesaria para desarrollar una vida activa. La FAO estima que cerca de una persona de cada siete sufre hambre crónica en el mundo. En Europa, el hambre crónica es menos frecuente pero existe; sin embargo, la desnutrición, también llamada hambre oculta, se está extendiendo por toda ella, llegando a cifras verdaderamente preocupantes en países como España. Las personas que sufren desnutrición no viven necesariamente con la sensación de hambre en el cuerpo, pero las carencias de vitaminas y minerales afectan gravemente, y a largo plazo, a su salud y su vitalidad. Estudios de la Cruz Roja, o la asociación Save the Children, sitúan entre el 10 y el 25% los niños que sufren desnutrición en España. En Canarias, la situación es mucho más grave, pudiendo afectar a más de un niño de cada tres. En 2011, Cáritas Canarias ya señalaba que muchos niños sólo comían pan. Esto es un hecho muy grave, ya que la desnutrición en los niños compromete su desarrollo intelectual y físico para toda su vida.

 

¿Qué opinión le merece la ingeniería genética y la producción de transgénicos? Muchos opinan que la llamada Revolución Verde acabará con el hambre en el mundo. 

 

La Revolución Verde no ha solucionado en nada el hambre en el mundo; nunca ha habido tantas personas que sufren hambre crónica y desnutrición, eso es lo que muestran claramente las cifras oficiales. La ingeniería genética se corresponde con una etapa más reciente, se suele llamar la Segunda Revolución Verde. Las grandes multinacionales siguen utilizando este argumento para imponer sus tecnologías, siendo solo una de ellas la producción a partir de transgénicos. Muchos estudios científicos ya han mostrado que la producción no es mayor con cultivos transgénicos, y que a nivel social, estos cultivos van a menudo asociados a un acusado empobrecimiento de la población local y de los recursos naturales.


¿Es usted optimista de cara al futuro y a la solución del hambre como problema global de la humanidad?

 

Tal y como declaraba el verano pasado a la prensa española Jean Ziegler (Relator Especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008), el hambre ya no es una fatalidad objetiva, al contrario de lo que pasaba hasta finales del siglo XIX y del principio del XX. Desde entonces, la cuestión radica más en la redistribución de las riquezas, que permitiría un acceso más igualitario a los alimentos, que de la producción en sí.

 

Ahora que el hambre está agravándose en Europa, es posible que los poderes políticos acaben por regular el mercado mundial de los alimentos, evitando por ejemplo la especulación sobre las materias primas y frenando el acaparamiento de las tierras en los países en vía de desarrollo. En España, un partido político ya ha presentado una denuncia a la Fiscalía que investigue como delito de no auxilio la práctica de los supermercados de tirar comida a la basura unos días antes de que caduque. Esto es un ejemplo que apunta al cambio de actitud frente a la gravedad de la situación.

 

Pero también es necesario que las personas de los países ricos vayamos adoptando una dieta más ética, es decir con menos productos cárnicos, y con más respeto hacia los alimentos. Mientras se realizan estos cambios imprescindibles, me preocupan los niños en situación de pobreza alimentaria, que se verán afectados en todo su desarrollo. Esta injusticia es inaceptable e inmoral en los países ricos.

 

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